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Mis grandes amigos: los libros

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Si tuviera que elegir algo material especialmente significativo para mi, elegiría, sin duda alguna, mis amados y queridos libros. Ellos, ya sean viejos o nuevos, se han convertido en una predilección y unos grandes compañeros de viaje. 
Algunos me han acompañado durante prácticamente toda la vida, como aquella Biblia roja que llevaba a la escuela cuando era niño, y otros acaban de llegar a mi en estos últimos días, como los volúmenes de la Dogmatica de Karl Barth. Unos muy importantes, como El Quijote, y otros de los que apenas nadie sabe nada, como La vida de San Bruno. Unos en facsímil, como El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, y otros reimpresos, como El hereje de Miguel Delibes. Unos de arte, como la Colección de las Edades del Hombre, y otros de literatura, como la Colección de Clásicos de la Editorial Cátedra. Unos de pensamiento filosófico, como Así habló Zaratrusta de Friedrich Niestzche, y otros de diversión, como Los cuentos de Mafalda. Unos de historia, como La pr…

Domingo de Resurrección

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Cristo resucitado

¿Dónde está el Ecce homo? ¿Dónde lo habéis puesto?
En el lugar de la despedida,
sin saber cómo ni cuándo,
abandonó la losa,
se despojó del sudario
y apareció refulgente
lo que fue un despojo humano.
Por mucho que mire no veo
al Muerto entre los muertos.
“No está aquí, ¡ha resucitado!”.
Es la única respuesta
después de tanto buscarlo.
¡Oh, Jesús Nazareno, muerto y crucificado,
que pasaste por la puerta
que tememos tus hermanos!
Los tuyos no comprendieron,
“a los tres días, resucitado,”
Ellos sólo sabían que lo que tienes en vida
con la muerte se ha acabado.
En la experiencia del Tabor
 el cielo habían pregustado,
pero nada es suficiente
para algunos timoratos.
¡Oh, Jesús Nazareno, muerto y crucificado, que llegaste hasta el Sheol
que asusta a tus hermanos! Bajaste al lugar del tormento
donde aguardan los manchados.
Con tu mano los rescataste,
¡ay, pobres atribulados!
Viven solos y perdidos,
pues de Dios se han alejado. Descendiste hasta el infierno,
la muer…

Viernes Santo

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MAÑANA DE VIERNES SANTO Despunta el alba del Viernes Santo,
morado de penitencia,
amarillo de traición.
Cirios lila cogidos por guantes blancos.
Tres cruces y una corona
abren la procesión.
Padres acompañando a sus hijos,
transmisores de una tradición,
discípulos del Nazareno
herederos de fe y devoción.
Sobre un monte de lirios
Jesús trata de levantarse,
para continuar el camino
del tormento y la aflicción.
Cruz de plata rutilante  que disimula el patíbulo repugnante;
traje de terciopelo
que oculta la sangre del flagelo;
potencias de plata reluciente
que opacan la corona de espinas doliente.
¡Oh, mañana de Viernes Santo, día de redención!
Costaleros,
valientes costaleros,
que llevan o aguardan
para ayudar al Hombre Caído,
cual cirineos del mismísimo Señor.
San Elías, la Verónica y la Virgen de los Dolores,
Dimas, Gestas y los doce Apóstoles.
Abraham, el ángel y el hijo del sacrificio,
el que blande la campana y golpea con el martillo.
Muchos arrepentidos y todos pecadores:
lo…

Jueves Santo

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Última Cena Los Doce se reunieron víspera de la Pasión
y otros Doce se juntaron tras la procesión.
El Jueves Santo,  cuando todo termina,
recuerdan la Cena sagrada
donde comen el Pan que da vida.
La Cofradía de los Apóstoles canta las glorias de nuestro Señor,
cantan con gozo que Dios nos entrega
su Cuerpo y su Sangre
en la comunión.
En una sala de Alcaudete en noche de luna llena,
los doce dan testimonio
de aquella gloriosa Cena.
Cena de Pascua, dolor de traición y despedida,
su corazón se desgarra,
llegó la triste partida.
Comparten la misma fuente el Redentor traicionado, el cobarde pescador y el discípulo adorado.
Todos en la misma mesa.
¡Es el Banquete del Señor!
A él somos invitados
el santo y el pecador.
A ti te grito cristiano,
¡vívelo con devoción!
es el misterio más grande
que el Hijo de Dios dejó.
Te invita a la Santa Cena
Jesucristo Salvador,
bebida de Vida Eterna,
comida de redención.
Santo banquete fraterno,
que a los suyos ofreció.
Santo banquete gozoso.
Santo banquete…

Miércoles Santo

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Cristo de la Misericordia - Muerte de Jesús

La medianoche del miércoles
se hace tarde de Viernes Santo.
Santa María abre sus puertas
para mostrar al Crucificado,
al Hijo del carpintero
en misericordia transformado.
Nazarenos de negro cubiertos de blanco,
ruido de cadenas y cruces arrastrando,
antorchas iluminantes que anuncian a su paso
la Serpiente Blanca que vino a salvarnos.
¡Oh, Señor de la misericordia,
Cordero inmaculado,
que derramaste tu sangre
para la remisión de nuestros pecados!
Las lágrimas de la muerte  un día de ti brotaron,
pues tu buen amigo Lázaro
en Betania fue enterrado.
Las lágrimas hacemos nuestras
al verte en la cruz clavado,
porque eres nuestro Maestro,
el que hoy nos ha dejado.
No podemos evitar
contemplar tu cuerpo izado,
cual bandera victoriosa
en la guerra del pecado.
Para ganar la batalla
un alto precio has pagado,
la carne mortificada
y los pies atravesados,
las manos crucificadas
y abierto el santo costado.
Y ahora miro tu rostro,
rostro de tantos h…

Martes Santo

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Cristo atado a la Columna Columna de sufrimiento e ignominia,
baluarte que encadenó a Jesús
y empapó su sangre.
Fuiste potro de tortura
de quien era Manantial de un agua pura.
El Martes Santo sales de tu convento
para mostrarnos aquella espalda,
la espalda del escarnio, el suplicio y el flagelo.
Estabas llamada a ser la base de un arco,
la entrada del dintel de un palacio
o el soporte de una donosa escultura.
En cambio, te convertiste en el cadalso
de quien nunca tuvo culpa.
A ti fue atado Jesús, el camino, la vida y la verdad.
En ti fue sometida la libertad,
la Salud herida,
y la Humanidad escarnecida.
¡Oh, patíbulo de flagelación,
que sometiste al Hijo de Dios!
Pasaste a la historia como lugar de tormento.
Tú escuchaste sus gritos,
ignoraste sus lamentos.
Su carne y su sangre dejaron su sello impreso.
A tu vera se formó el “Ecce homo”,
la imagen del hombre sufriente.
Tú fuiste testigo de la trasformación,
del resultado que deja el odio sobre la belleza,
el despojo que lega la cr…

Lunes Santo

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Oración de Jesús en el Monte de los Olivos

Cada Lunes Santo, cuando cae la tarde,
las calles de nuestro pueblo
recuerdan aquel momento
de Jesús orando en el huerto.
Ese día nuestra Campiña,
la Plaza, el Carmen y la Cuesta de San Francisco
se convierten en ese Monte Santo
donde Cristo, postrado y de rodillas,
implora consuelo en este trance de llanto.
Aquellos olivos enjugaron las lágrimas de nuestro Señor,
y supieron el precio de la redención.
¡Los olivos, nuestros olivos,
árboles escogidos para la última oración!
En ellos encontró la paloma
la rama que anuncia la nueva creación.
En ellos el rey halla riqueza,
en ellos el pobre halla su alimento
y todos disfrutamos su presencia
en los sacramentos.
¡Los olivos, nuestros olivos,
plantas nobles de larga tradición!
Adorno de nuestro paisaje,
compañeros de viaje,
testigos de la Pasión.
De aquel dolor infinito,
de aquel cáliz de amargura,
de la sangre que sudó.
¡Los olivos, nuestros olivos, testigos de tristes sueños!
A sus pies viero…